Regreso del mí (del blog de Arturo Alaniz) - por César Cortés Vega




César Cortés Vega 
(Ciudad de México)


Chat.- Datos que agrupados encontrarán de nuevo unidad. El archivo estará completado y entonces los fragmentos harán de la espera algo que tenga rumbo. Sentado ya más de un par de horas, encuentro una salida posible y me aventuro en medio de esta maleza de odio soterrado. Toda percepción es como la luz, y el lenguaje detiene las partículas y las ondas, distribuye una mínima parte de todo eso y elige una porción de energía para encapsularla. Entonces mando la idea, y el rechazo de los asistentes al chat es inmediato. Hace muy poco yo habría insistido, pero hoy prefiero adoptar la visión contraria para tranquilizar a mis interlocutores. La angustia es inobjetable, pero en mí, como pasa en toda percepción, también la clasifico y hago que sólo sea percibida por sus restos. "Me he quedado" escribo para finalizar la conversación.



Nervio.- Un centro adquiere su fuerza gracias a nuestra curiosidad. No sería centro si no le mirásemos, si no pusiéramos nuestra potencia a su servicio. Y en este caso, todo lo que ofende, acomoda. En ese juego simple, se realiza la clasificación primera del . En tanto más infame, más poderoso. Gracias a eso ganará atención en el prisma que nos ve. Sin embargo, su potencia es tal, que es imposible renunciar a pensarle. Un monolito con placas de cuarzo, que fueran usadas para desviar el nervio-nervum-nervus. Un menhir desde el cual se apunta el revés del universo, como una antena que recibe y da al mismo tiempo. Falo que desde la punta esparce oscilaciones hacia una fuente de poder indefinida. Sólo puedo reírme de la facilidad con la que nos acercamos al matadero, atentos a lo menos importante y no pudiendo hacer nada porque no tenemos nada a lo que aferrarnos. Vemos el yo del otro, sentimos el yo del otro, amamos el yo del otro. Grotesco, sin sentido.


Yo.- Desde la foto solarizada, escribo un comment. Digo que eso debería ponerlo él en su perfil. "¿Para qué?" Le respondo desde la imagen del becerro. Foto solarizada responde que le parece una idea ofuscada, algo que sólo cabe aquí, en nuestros muros. Claro, imagina que así no es necesario justificar nada, es una ocurrencia como todas las ocurrencias que circulan diariamente, sin sentido, sin principio ni fin, superficiales o brillantes, perdidas en la memoria de las máquinas orgánicas. Se usará o no, para engordar las estadísticas de los buhoneros. Entonces esa es la respuesta para redimir mi inconsistencia. Reviso su muro, mi muro. Acaba de pegar una frase de un pintor alemán, Hans Memling. Tiene catorce likes. Catorce. Cuando me decido a contestarle, veo que ha abandonado la conversación.


Turno.- Suavidad; figuras de teatral colorido. Desde su concepción germánica, el "autor" detiene su pincel en efigies que parecieran estar suspendidas en sí mismas. Un retraso, ligero gesto de alegría. Caras para la identificación. Mi rostro está ahí, porque representa también una salida. Un output. Me veo como ellos se ven y soy expulsado por la situación del tiempo en mi memoria. Pero soy en ese más allá, la figura que me da claridad. Todos ellos en el espacio de la percepción del prisma que nos ve.


Sinfonía.- Becerro continúa con su hilera de insultos. Ha elegido pagar el privado para la mayoría de nosotros, así que nos hace el favor de mandarlo directo a la pantalla. Nos encontramos en conferencia para determinar el contenido de las imágenes de la primera gran acción del colectivo. Yo, que soy un suicida, me parece que si queremos hacer una diferencia, somos idiotas evidenciándola aquí. Por eso no les digo nada de eso cuando levanto la mano. Que nos chinguen, me vale madres. Pero la chica sigue retorciéndose en el privado transmitido en la pantalla de Becerro, se toca su pene y su conchita todopoderosa, y todos la vemos con indiferencia. Becerro envía la risa por la caja de texto, y yo me río, no con él sino de él, porque es un imbécil. Sin embargo es lo mejor que pasa en la reunión, porque produce la tensión idónea para confundirnos. Uno, dos, tres minutos de atención, y todos vuelven a voltear hacia a la pantalla del privado-público. Podría hacerse música si acompañáramos los movimientos de las cabezas con sonidos. Sinfonía transexual, podría llamarse.


El prisma que nos ve.- Tres afirmaciones y la bailarina acompañaría mi movimiento de cabeza. Como el caballo matemático que a la señal de su entrenador marca con su pezuña la cantidad exacta de la operación. Un movimiento de mi brazo, y la pirueta sería doblemente compleja. El aparato me observa con el ojo de mi voluntad. Soy yo el que supone la acción. Yo la mirada posible. Lo mismo que los hombrecitos que habitaban la radio en los sueños de nuestros abuelos, soy voluntad fragmentada en el interior de estos humanoides. Me imagino ellos mientras me adivinan. Pero más que extensiones, son el abandono de la conciencia. Esclavos del humanismo, en los viejos términos: si la conciencia debe hoy ser prudente con la idea de animalizar al otro, tan sólo por su diferencia o la posición que ocupe en la estratificación mortal, entonces la máquina es la superación de los escozores morales de los desgraciados. ¡Esclavos, no maldigamos la vida!



Ascii.-
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Sueño el rostro que me sueña.- Desdicha en los ojos del gato que me mira. Hay conciencia en la luz que le atraviesa. Coloca sus patas sobre mi pecho y comienza su perorata. Lo cambio entonces y elijo una canción, según mis estadísticas. La nueva luz que atraviesa la melodía le representa. Recuerdo a mi gato, cómo me miraba, cómo colocaba sus patas sobre mi plexo solar. Su ronroneo envolviendo mis contradicciones. Soy mi gato. Soy un gato. Paso mis patas sobre su pecho y me acurruco en el interior de su angustia. Sufre sin querer, y también finge que sufre. Y finge más de lo que sufre. Le veo dormir. Me concentro en su sueño. En el nombre de quien me nombra.



In soleris sis tibi turba locis.- ·uɐɹᴉɯ әɯ әnb soɹʇsoɹ sol sopoʇ ʎos ·uɐllɐɔ ol ʎ oṵәns әsә uɐpɹәnɔәɹ sopoʇ ·ouᴉʇɐlnɐd oᴉqɯɐɔ lә oṵәns ʎ loqɹɐ un ɐ opɐɹɹɐɯɐ ʎoʇsә ·ɐᴉqɯɐɔ ol ʎ odɹәnɔ ᴉɯ ɐɔoʇ әnb ɐuәnq ɐɾnɹq ɐl sә ·uoᴉɔuәʇәp ᴉɯ sә ʎ ɐᴉqɯɐɔ oɹɹәɔәq ·ɐɹᴉɯ әɯ oɹɹәɔәq ·ouᴉɯɐɔ lә uɐɹɐlɐṵәs sosɐd sol әnb ɐʇsɐɥ әnbsoq lә uә opuɐuᴉɯɐɔ 'oɔᴉoʇsә әʌnʇuɐɯ әɯ ·uoᴉsɹәʌuᴉ ɐun uɐɔᴉɟᴉɹәʌ ʎ uәƃᴉɹᴉp әnb sɐәuᴉl sɐƃɹɐl sɐl 'uәᴉqɯɐʇ sɐɯәnbsә sol ·soʇoɟ sɐl ʎ lᴉɟɹәd lә әuᴉɯɹәʇ ·ɐᴉɹoʇsᴉɥ ɐl uɐʇuәnɔ әnb soɹәɯnu sol әuᴉɯɹәʇ ·oʇxәʇ lә әuᴉɯɹәʇ



Nota.- Las perspicaces percepciones patricias y el chismorreo plebeyo deben perder categoría. Desarrollar algoritmos radicales.



Becerro.- Del bosque el regreso. Las sucesivas formas. Soy un ser paulatino. Engullo con calma la carne que me envuelve. Pero no desaparezco. Detrás del traje estoy. Armadura para la nueva guerra.


César Cortés poesía

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