Panorama del libro digital - por Andrés Galindo








En sus inicios, generalmente el libro digital había estado asociado a una lectura online y en el soporte de una computadora, ya sea de escritorio o portátil. Hoy, las ya no tan nuevas tecnologías y el diseño de software ad hoc permiten una lectura más dinámica y fácil de continuar en cualquier lado y en cualquier dispositivo.



Hace ya cerca de quince años, la primera vez que vi la posibilidad de llevar el acto de leer fuera de un libro impreso y en un dispositivo electrónico portátil fue en una PDA (Personal Digital Assistant) Palm. En los últimos años del siglo pasado, y en los primeros del presente, el mercado de las PDAs estuvo dominado por la empresa Palm. En estos pequeños dispositivos, aunque algo complicado, ya se podían trasladar archivos de texto para ser llevados y leídos en cualquier lugar. El texto que se miraba en la pantalla de la Palm era plano, sin ningún tipo de gráficas ni ningún tipo de interactividad, salvo el mero hecho de leer.

Actualmente la empresa Palm Inc. ha dejado de fabricar dispositivos PDA (ante el avasallamiento de "la guerra de tablets"). Sin embargo, Palm continúa en el mercado con la fabricación de teléfonos celulares, si bien no están en la punta del mercado.



Por otro lado, el programa, o familia de programas, que no podría dejar de mencionarse en una historia de este tipo es Adobe. Adobe nació en la última década del pasado siglo XX y hasta el día de hoy, con su formato PDF (Portable Document Format), se mantiene como uno de los más populares editores y lectores de documentos digitales.

Aunque al paso de los años el programa ha ido creciendo, y hoy sustenta su versión 11.0.0, para fines de libro digital aún sigue tendiendo algunas desventajas que ya han superado otros editores de texto, y de los que ya hablaremos más adelante. Lo cierto es que Adobe originalmente no fue diseñado para hacer libros digitales. La idea era que el usuario pudiera rellenar formularios previamente diseñados para luego compartirlos con otros usuarios.

Sin embargo, mucho de lo que hoy podríamos considerar "libro digital" comenzó siendo una copia escaneada o digitalizada de alguna obra impresa. De hecho, aún hoy se sigue realizando esa práctica de trasladar una obra impresa hacia el popular PDF.

Ahora bien, ha sido tan popular el formato PDF que Adobe ha creado versiones de su Reader prácticamente para todos los dispositivos: PC, Notebook, tablet, iPod, etc. Así, es suficiente con tener instalado un lector de PDFs en el dispositivo deseado para poder disfrutar de la lectura. Las desventajas, en todo caso, vienen con el tamaño de pantalla que se use para leer.

Si el formato PDF ayudó a que muchas personas comenzaran a leer libros digitalizados completos, el formato ePub ha llevado la idea de libro digital a estándares, hasta hace poco, verdaderamente insospechados. Umberto Eco, hace unos años, imaginaba que la industria del libro impreso aún estaba bastante sana y vigorosa y que el libro digital no era una competencia real.

Pero el diseño y difusión del ePub han cambiado un poco la perspectiva. Aparece con la primera década del presente siglo y poco a poco se ha ido popularizando hasta convertirse en el formato oficial del Foro Internacional de Edición Digital, en el que participan importantes empresas como Google, Adobe y Santillana. Al día de hoy, prácticamente todas las editoriales apuestan por este formato.

Aunque al principio era más usual adquirir y leer ePubs desde Readers (lectores) especializados como, ahora prácticamente todas las computadoras y dispositivos móviles son capaces de almacenar y reproducir este tipo de libros, siempre y cuando se cuente con el software o App adecuados, casi siempre de descarga libre.

A diferencia del PDF, el ePub se ajusta a cada pantalla de cada aparato. La terminación de archivo siempre será .ePub pero no se visualizará exactamente igual en un sistema Android que en un dispositivo que use iOS. La interfaz de algunas aplicaciones permite que el archivo se despliege en forma de libro impreso, dando la sensación, incluso, de pasar las hojas a través.

Actualmente el ePub se vende, comparte y produce desde una infinidad de foros y tiendas en internet. Entre las empresas más poderosas que comercializan libros ePub están Amazon, Google books y iTunes.

La discusión en torno al futuro del libro impreso frente a la digitalización de contenidos no es nueva. Desde la aparición de internet, la búsqueda y emisión de información ha ido cambiando. Con todo, el avance de las nuevas tecnologías no ha terminado de sustituir al papel impreso, parámetro a seguir de cualquier publicación, en cualquier medio. El tema es interesante y, además, dejará ríos de tinta (o de bits) como en el transe de la era de los copistas a la imprenta. De cualquier modo, y muy a pesar de los todavía incontables fieles y románticos seguidores del libro impreso, el libro digital nació, está mejorando a pasos agigantados y llegó para quedarse.



Poseer un libro impreso, tanto como lector como autor, sigue siendo símbolo de status. Pero para valorar un libro impreso hace falta algo más que unas simples manchas de tinta sobre pliegos de papel encuadernado. Esto, salvo verdaderos bibliófilos, no es tomado en cuenta por la mayoría de lectores.

Pongamos por caso El Quijote. Durante los festejos del 400 aniversario de la publicación de la primera parte de esa novela entrañable, editorial Alfaguara publica una edición avalada por la sociedad de Academias de la Lengua Española. Esta edición fue preparada por uno de los cervantistas más reconocidos del mundo, Francisco Rico. Según la editorial, se pretendía llevar el texto al mayor número de lectores posible; de ahí la calidad del papel y el empastado que se usó para esa edición, que no es mala. Sin embargo, la edición de Francisco Rico es la misma que editorial Cátedra publicara años antes, sólo que con notas más profusas. A mí, si me lo preguntan, Cátedra goza de más prestigio.

Pero si de prestigio y valor se trata, una de las ediciones más caras y mejor preparadas es la que publicó editorial Gredos, con estudio y notas de Vicente Gaos. Y qué decir de la edición que ilustró Dalí, que aunque no llevaba notas ni estudio preliminar, el trabajo del pintor le confería un valor de verdadero libro de colección. También durante los festejos, Planeta reeditó esta última edición, pero incompleta en las ilustraciones de Dalí. Hoy día, tratar de conseguir un ejemplar de la primera edición de Dalí es cuestión de suerte y de muchos dólares.

Quería poner el Quijote como ejemplo porque esto me ayudará a encaminarme a la era digital. Producir y consumir un libro digital no implica solamente un grupo de bits ordenados sintácticamente en una pantalla de ordenador. Si uno piensa en la evolución de los dispositivos que permiten la producción, edición y lectura de un libro digital, quizá pueda valorarlo desde otro punto de vista.

Cuando sólo existía la computadora de escritorio, seguramente nadie quería quedarse horas enteras frente al monitor leyendo las obras completas de Cervantes, que además no podían reproducir la calidad de edición de los ejemplares mencionados. Una laptop ya permite mayor flexibilidad para leer y transportar archivos de texto. Además, también han avanzando los diferentes software destinados a producir y leer libros. Esto, sin duda, ha permitido equiparar la calidad que posee la imprenta. De hecho, hoy la impresión digital usa de estas herramientas para publicar un trabajo.

El primer Quijote que tuve oportunidad de ver en formato ePub fue el auspiciado por http://www.gutenberg.org. La edición que publicó el Proyecto Gutenberg no contiene notas ni estudio preliminar; sin embargo, reproduce el texto completo y en el castellano de la época. Como nota marginal, se puede decir que uno de los títulos más interesantes de esta misma colección, en cuanto a calidad se refiere, es un facsímil del poeta inglés William Blake, ilustraciones incluidas.

Ahora bien, si de calidad digital queremos hablar, podemos pasarnos por esta edición de El Quijote: http://quijote.bne.es/libro.html (lectura solamente en PC), preparada por la Biblioteca Nacional de España. Aunque no podemos hablar de un eBook propiamente, ésta sí nos proporciona una serie de contenidos que, incluso, a un libro impreso le son negados: video, música, notas, facsímil de la edición original, transcripción a la sintaxis contemporánea, entre otras muchas cosas interesantes.



Lo dicho hasta el momento refiere la calidad de los contenidos. Ahora veamos los diferentes soportes y su implicación social.

Ya hablamos un poco sobre el ordenador de escritorio y su sucedáneo la laptop. Pero si queremos hablar de flexibilidad en la lectura, tenemos que tratar el tema  de los dispositivos móviles.

Hoy día, todos los nuevos teléfonos móviles que se fabrican permiten la recepción y lectura de documentos. El problema es el reducido tamaño, lo que, obviamente, hace bastante incómoda la lectura en algunos casos; aunque en el último año la actualización de las aplicaciones encaminadas a la lectura han mejorado en este aspecto.

Por otro lado, a la par de la producción de eBooks, apareció la producción de lectores especiales para dichos libros, los llamados eReeders. Como el software más popular para editar y distribuir libros digitales es Adobe, un dispositivo eReader no era otra cosa que un lector de archivos PDF. Otro formato con bastante popularidad, como ya queda dicho, es el ePub, también fabricado para ser leído en eReeders y con algunas ventajas respecto del PDF, si bien no sustanciales. En conclusión, un eReader resultaba costoso e inútil, a menos que en el futuro se tenga un extenso catálogo de libros digitales y de buena calidad.

Los dispositivos que realmente han puesto en jaque a la lectura tradicional son las llamadas tablets. Dispositivos con pantallas táctiles de 6 y hasta 10 pulgadas, lo que permite una lectura bastante cómoda. Así, lo único que se tiene que hacer es comprar un eBook desde Gandhi, Amazon, El corte inglés o cualquiera de las muchas tiendas y / o editoriales que distribuyen estos materiales y transferirlo a la tablet. Igual que un teléfono celular, cualquier tablet debe tener la capacidad de leer libros digitales.

Ahora bien, a menos de que se trate de un ejemplar de la primera edición de El Quijote de Dalí o el facsímil del testamento de Hernando Colón, adquirir un libro impreso es, a la fecha, más económico que comprar cualquier dispositivo móvil último modelo.

La historia, de muchas maneras, se repite: la imprenta nace en una época en que pocos sabían leer. Quienes leían, recordemos, eran una minoría. Leían, sobre todo, monjes bibliotecarios y copistas. Adquirir un ejemplar producido por un copista era realmente costoso, sin tomar en cuenta que se supiera leer o no. La imprenta redujo costos, pero no trajo lectores inmediatamente. El proceso de alfabetización fue, sigue siendo, bastante largo.

Insisto, poseer un libro impreso es símbolo de status. Pero hasta en eso hay niveles, infortunadamente. Dentro de la minoría de lectores en nuestro tiempo, existe otra minoría, la de compradores de libros nuevos. Siempre resultará más caro un libro nuevo, recién salido de la imprenta que un libro adquirido en una librería de ocasión. En cuanto a interés, vigencia y calidad de los contenidos, ya es cuestión de gusto y suerte personal.



Finalmente, el libro digital, además, estaría ayudando a mejorar el medio ambiente, evitando el consumo de papel. El problema sigue siendo el costo que implica la comodidad de la lectura. Igual que en el pasado, un libro digital no podrá ser adquirido por una mayoría hasta que los dispositivos necesarios no se masifiquen y puedan ser adquiridos por cualquier persona ávida de lectura, lo cual ha ido sucediendo, aunque a pasos pequeños en nuestros países de América latina, debido a nuestros eternos problemas económicos y el aún más doloroso rezago educativo.

Quizá aquí el debate del desarrollo científico-tecnológico en un marco social no esté muy implícito, pero creo que es un tema que se tendrá que tocar alguna vez, cuando el libro digital verdaderamente invada nuestro espacio de lectura. Independientemente de la calidad de un libro digital, ¿qué grupo de lectores está en posibilidad real de adquirir, apreciar y leer un eBook?
¿A favor o en contra de las nuevas tecnologías incluidas en la producción artística? Cada quién tomará el partido que mejor le convenga o interese. El tiempo y el cambio son innegables. Esta nota la escribo desde una tablet, donde cargo ya tres centenares de libros digitales, que se suman a los muchos otros impresos en papel que no he terminado de leer. Además, escribo mientas voy de camino a la presentación de un poemario editado en forma de libro objeto. Este libro de Angélica Santa Olaya se presenta en un tiraje impreso de 50 ejemplares. La suerte del libro depende, lo mismo que el primer Quijote, de la pertinencia de su contenido, de la buena voluntad de sus lectores y del tiempo  [[R









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